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Diplomacia cultural: cuando la cultura comunica lo que la política no puede

  • Foto del escritor: Melina Olmo
    Melina Olmo
  • 30 sept
  • 7 Min. de lectura
Manos de diferentes culturas se extienden unas hacia otras a través de una explosión de celebración dorada, simbolizando las conexiones orgánicas que se forman cuando las personas se unen más allá de fronteras y políticas oficiales.
Manos de diferentes culturas se extienden unas hacia otras a través de una explosión de celebración dorada, simbolizando las conexiones orgánicas que se forman cuando las personas se unen más allá de fronteras y políticas oficiales.


En un mundo hiperconectado, donde una decisión política cruza fronteras en segundos, es fácil asumir que la política exterior de un país representa fielmente a su pueblo; pero la realidad es más compleja. Hay momentos en los que las banderas ondean discursos con los que millones de ciudadanos no se identifican. En esos silencios entre lo que se declara y lo que se siente, se encuentra el espacio de la diplomacia cultural: esa otra vía —más humana, más íntima— donde el poder no se impone, sino que se comparte.


Hace apenas unos meses, en abril de 2025, mientras el conflicto en Sudán escalaba y los organismos internacionales tardaban en reaccionar, cientos de jóvenes en Nairobi organizaron puntos de recolección para enviar víveres a los campamentos de refugiados en la frontera. Sin logos, sin cámaras, sin tratados. Solo humanidad. Lo mismo ocurrió en Polonia, donde comunidades locales comenzaron a organizar convivencias interreligiosas tras un repunte de discursos de odio contra refugiados musulmanes.


En años recientes, ciudadanos rusos marcharon contra la guerra, palestinos organizaron redes comunitarias en medio de bombardeos, y estadounidenses ayudaron a migrantes en su frontera sur a pesar de las políticas oficiales. Son actos silenciosos que revelan una verdad incómoda: el Estado y su pueblo no siempre hablan con la misma voz. Pero hay otra voz que sí se escucha, cuando se escucha desde cerca.


¿Qué es la diplomacia cultural?


Durante décadas, la diplomacia cultural ha sido ejercida principalmente por los Estados como parte de sus estrategias exteriores. Se ha asociado a conciertos en el extranjero, institutos de lengua, o exposiciones de arte promovidas por embajadas. Muchas veces, su intención es mejorar la imagen del país o suavizar tensiones geopolíticas a través de símbolos culturales.


Joseph Nye, politólogo estadounidense, propuso en los años noventa el concepto de “poder blando”: la capacidad de influir no mediante la fuerza, sino a través de valores, cultura e instituciones. Frente al poder que impone, el poder blando seduce. La música, el cine, el estilo de vida… todo puede convertirse en instrumento de influencia.



Pero hay una mirada más profunda. Harold Saunders, diplomático y mediador en conflictos internacionales, sostuvo que la paz no se negocia exclusivamente entre gobiernos, sino que se construye en las relaciones humanas. Para él, el conflicto no es un evento político, sino un proceso humano continuo. Y por tanto, también su transformación depende del tejido social: del diálogo sostenido, de la escucha incómoda, de los vínculos que se tejen más allá de los espacios de poder.

Un proceso de relaciones humanas continuas puede cambiar la historia más que una sola negociación política.— Harold Saunders

Desde esa visión, la diplomacia no es un privilegio de embajadores: es un acto cotidiano, disponible para cualquiera que escuche con presencia y construya con empatía.

 

Y es aquí donde Cultura Diplomática traza una línea clara: La diplomacia cultural no puede reducirse a una estrategia de mercadeo ni a una herramienta de imagen. Para nosotras, no se trata de mostrar lo que tenemos, sino de compartir lo que somos, conectando, degustando y edificando:

Cultura diplomatica - No para imponer. Para convivir. No para impresionar. Para encontrarnos.

En Cultura Diplomática creemos que cada conversación auténtica es un acto de diplomacia, que cada gesto de hospitalidad construye puentes, y que la paz se teje en los encuentros cotidianos tanto como en los grandes tratados.


Cuando el Estado no representa


Mientras se firman tratados en despachos oficiales, muchas personas actúan desde la compasión, la urgencia y el compromiso. En esa distancia —a veces invisible, otras dolorosa— se abre una grieta entre lo que el Estado declara y lo que su gente realmente práctica.


Según el Barómetro de Confianza Edelman 2024, solo el 44 % de la población global cree que su gobierno actúa por el bien común. Esa cifra no expresa cinismo, sino una desconexión profunda entre gobernantes y gobernados.


Solo el 44% de la población global cree que su gobierno actúa por el bien común— Barómetro de Confianza Edelman 2024

 

Ejemplos recientes de 2025


  • Nepal: En abril de 2025, tras un terremoto de magnitud 6.8, comunidades locales organizaron cocinas comunitarias y refugios temporales antes de que llegara la ayuda oficial. Asociaciones vecinales y colectivos culturales recopilaron listas de personas desaparecidas y compartieron información por redes sociales en idiomas locales, mostrando cómo la ciudadanía responde allí donde las instituciones se demoran.


  • Filipinas: Tras las graves inundaciones en Luzón en marzo de 2025, jóvenes artistas y voluntarios transformaron centros comunitarios en espacios de apoyo emocional, ofreciendo talleres de arte y narración para más de 200 niños desplazados en la primera semana. Sin banderas ni cámaras, demostraron cómo la cultura puede sanar donde la burocracia tarda en llegar.


  • Marruecos: En febrero de 2025, comunidades bereberes en el Atlas reabrieron antiguos caminos rurales bloqueados por la nieve para que los pueblos vecinos pudieran recibir alimentos y medicinas. Lo hicieron de forma autogestionada, sin esperar intervención estatal, priorizando la vida comunitaria sobre cualquier diferencia política.


  • Caribe: El 26 de mayo de 2025, con el inicio de la temporada de huracanes, la ONU y la CDEMA inauguraron un nuevo Centro Logístico Regional en Bridgetown, Barbados. Esta iniciativa ---alimentada por voluntarios, agencias internacionales y redes comunitarias--- redujo el tiempo de respuesta de emergencia de 5 días a menos de 72 horas. No hubo banderas, pero sí colaboración.


El conflicto no siempre toma la forma de guerra: puede manifestarse en el abandono, la desigualdad o la exclusión. La ciudadanía responde con actos concretos y silenciosos: huelgas, redes de apoyo, logísticas de emergencia. Ahí nace una diplomacia cultural no oficial, tejida desde el altruismo, la cercanía y la humanidad compartida.


Cuando la cultura abre puertas que la política cierra


La diplomacia formal a menudo se estanca en declaraciones. La cultura, en cambio, atraviesa fronteras. Una canción cruza océanos. Una película emociona sin subtítulos. Una receta compartida puede ser un acto de hospitalidad radical. Más allá de lo anecdótico, países como Corea del Sur no exportan únicamente tecnología, sino valores a través del cine, la gastronomía y el K-pop. En 2021, la banda BTS fue invitada a hablar en la Asamblea General de la ONU por su impacto positivo en la salud mental juvenil. No usaron lenguaje diplomático, pero sí conectaron con millones.


Del 9 al 12 de octubre de 2024, se celebró en se celebró en Brooklyn, Nueva York, el Festival de Cine Transnacional Nou Akoma Nou Sinèrji, que reunió a artistas de Haití y República Dominicana. Documentales, música y foros comunitarios mostraron fragilidades y esperanzas compartidas. Fue una forma de reconocerse mutuamente a través del arte, sin necesidad de declaraciones políticas.


Durante los confinamientos de 2020, cuando las fronteras se cerraron y el mundo se fragmentó, la cultura encontró maneras inesperadas de conectar. En St. Paul, Minnesota, Emilia Mettenbrink, violinista de la Minnesota Opera Orchestra, ofrecía pequeños conciertos desde su balcón. Vecinos con sillas plegables y tazas de café llenaban la calle para escuchar estos Tiny Balcony Concerts.


A la vez, NPR adaptó sus famosos Tiny Desk Concerts creando la versión Home Concerts. Durante el Mes de la Herencia Hispana 2021, presentaron "El Tiny" con artistas de ocho países distintos, mostrando cómo la música latina puede unir incluso en el encierro.

Estos no eran programas oficiales ni diplomáticos: eran gestos espontáneos donde la música se convirtió en puente cuando todo lo demás fallaba.

Según la UNESCO, el acceso a bienes culturales no es un privilegio, sino un derecho humano fundamental, porque permite “imaginar al otro”. Y en esa imaginación, empieza la paz.


Diálogo sostenido: la herramienta que más se necesita


El diálogo sostenido —ese que no se da por protocolo, sino por necesidad humana, es considerado una de las herramientas más efectivas para prevenir la violencia y generar  transformación positiva en las comunidades.


En Ruanda, tras el genocidio de 1994, se crearon los tribunales Gacaca, donde víctimas y victimarios se miraban a los ojos. Más de 1.9 millones de casos fueron resueltos por la vía comunitaria, según el PNUD.


1.9 millones de casos resueltos por vías comunitarias en los tribunales Gacaca de Ruand — PNUD

 

En Colombia, tras la firma del acuerdo de paz con las FARC, las verdaderas transformaciones surgieron en los territorios: mujeres que reconstruyen memoria, jóvenes que convierten el dolor en arte, comunidades que narran desde la dignidad. La Comisión de la Verdad documentó más de 14.000 testimonios en lugares donde el Estado nunca llegó.

En Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, fueron las redes vecinales quienes ofrecieron los primeros auxilios. Y en contextos de crisis humanitaria, organizaciones como Médicos Sin Fronteras actúan donde otros solo observan.

 

“No siempre es el poder quien habla. A veces, es la compasión quien responde.”

 

El futuro de la diplomacia cultural


Mirando hacia adelante, la diplomacia cultural enfrenta nuevos desafíos: la inteligencia artificial que traduce emociones pero no experiencias, las fronteras digitales que crean nuevas formas de exclusión, y las crisis climáticas que exigirán solidaridad transnacional inmediata. Pero también encuentra oportunidades inéditas: redes globales de respuesta ciudadana, plataformas que conectan comunidades vulnerables directamente, y una generación que entiende la interdependencia como supervivencia.


Encuentro cultural: un acto político de paz


Acercarse sin apropiarse. Escuchar sin interrumpir. Compartir sin imponer. En tiempos donde las fronteras se endurecen y el miedo se politiza, encontrarnos desde el respeto es un acto de resistencia pacífica.


La diplomacia cultural no es ingenua: es estratégica y profundamente humana.


Donde el Estado calla, la ciudadanía canta. Donde la política divide, una conversación puede reconciliar. Donde hay prejuicio, un gesto de hospitalidad abre puertas.

 

Puede que no podamos resolver todos los conflictos, pero siempre podemos elegir acercarnos desde la empatía y el respeto, para generar una conexión auténtica que abra puertas al diálogo y fortalezca la diplomacia cultural entre comunidades.


A veces, una palabra honesta, una historia contada sin filtros o un plato compartido con respeto tienen el poder de transformar una relación, una comunidad, incluso una historia.


¿Qué acto de diplomacia cultural puedes practicar hoy en tu comunidad? ¿

Qué puente puedes tender donde antes había distancia?

En esos gestos cotidianos se construye la paz que los tratados solo pueden aspirar a formalizar.


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